lunes, 22 de abril de 2013

[Recuerdos de mi ciudad]. Sorpresa en el cerro Santa Lucía.


Elevación caprichosamente inserta en medio del ancho valle en que se emplaza nuestra capital, exhibe un perfil airoso y grave, que acentúa su belleza agreste
y le brinda ese carácter plácido y sereno, armonioso y natural, tan propio. Os-
tenta verdes prados y jardines primorosos, dentro de una rica fronda autóc-
tona, que impresiona al visitante y le transmite aquella grata sensación de paz
profunda, cuando al invadirlo, se adentra alegremente, ya sin prisas, por claros senderos graciosos.
Ocurre sin embargo en el lugar, un suceso diario, singular e inesperado, que
ejerce influencia hasta en sitios alejados del entorno, y provoca entre las gen-
tes no advertidas, repentina alarma e inquietud.
He aquí la escena:
En cierto momento preciso, un bronco fragor hiende el espacio, y el tiempo
aparenta detenerse. Al instante, seres confundidos interrumpen su marcha
apresurada, titubean, atisban algo en sus brazos, y luego prosiguen su raudo
camino, en pos de algún fin inalcanzable; aldeanos de paso en la ciudad, vaci-
lan por doquier, desconcertados; burlones al acecho del suceso, riendo a gri-
tos: turistas súbitamente rígidos, perplejos, temblorosos; cesantes por voca-
ción; fisgones autodesignados; oradores exentos de auditorio: dirigentes socia-
les, sindicales, o de alguien, salidos de otro tiempo, escapados sin duda del
Museo de Madame Tussaud, siempre enojados, beligerantes, inverecundos,
gotosos y varicosos, con caspa; políticos en contubernio, craneando males por
unanimidad, mientras dicen que patatín, mientras dicen que patatán, para ta-
parle la cara al macho; caraduras insignes; vanilocuos con cargo oficial: torpes
sin remedio; borrachines en equilibrio milagroso; cagafiestas a porfía; pedorros
incontinenti; misóginos que no saben lo que es bueno y por tanto "lo güeno
qu'es" ; estudiantes en protesta por algo, cualquier cosa, igual, póngale Wen-
dy, la joda es Una; arrepentidos fuera de plazo; ateos rezando "porsiaca" ; rica-
chones de avaricia indómita; fementidos cruz en pecho; gays a punto de ca-
ramelo; sediciosos de honrado café con piernas; féminas jóvenes, magras, incor-
póreas casi, ¡qué desperdicio! ; lechuguinos perfumados, a la caza de incautas
recién llegadas del País Que No Verás; maridos opresores, latosos, futbol-udos
contumaces; viuditas sonrientes, felices, gozosamente emancipadas "Gracias al
lindo Pulento amoroso, Liberador que es Él, poh..."
Por fin, hasta puede que algún justo, puede..., si hubiere. Luego, pajarillos en
medio de su vuelo, criaturas silvestres de la pequeña fauna local, y aún la dulce
floresta adormilada, todo, todos, quedan de pronto, lelos, sin aliento, suspen-
didos. Y en ese instante fugaz, etéreo, irreal quizá, el cañón cimero podero-
so, anuncia con estruendo el mediodía :
Hora Oficial de la República de Chile, para toda su extensión continental.
Y los histriones de la comedia humana, a pesar del reciente sobresalto,
que debería hacerles meditar, reanudan impávidos, ciegos, sordos, la ru-
ta inconsecuente que se estira y se estira, en su espejismo vago y sin fin.
Acto seguido el tráfago vuelve, y el loco afán sigue su curso...